Sentimientos

Es complicado tener que suprimir la idea de que esto no es posible, pero, siendo optimista, tú estás bien y yo también. Pasa que, a veces, llegan personas a tu vida para mostrarte una faceta tuya que no conocías, pero que amas; llegan para ser el puente a algo más y no el destino final. Te ayudan a ser mejor, a amar, a amarte, pero no están destinadas a quedarse a tu lado; y a veces no es que no quieran quedarse, es que simplemente no se puede.

Es tan difícil decir adiós cuando lo que menos quieres es hacerlo, pero debes. Algunas cosas son complicadas de pedirlas, tenerlas, retenerlas y dejarlas ir. Las personas tenemos muchas capas: mostramos lo que queremos que los demás vean porque somos seres tan emocionales que nos da miedo que nos lastimen y no somos capaces de mostrarnos tal como somos frente a todos, y no por ser falsos, sino por cuidarnos a nosotros mismos. Pero hay personas a las que no necesitas explicarles cómo eres y, aunque te muestres fuerte, pueden verte; personas que conectan contigo desde el alma. Entonces las palabras sobran cuando el alma grita, y solo esas almas involucradas son capaces de ver lo que más nadie ve a simple vista. Qué dicha encontrar alguien capaz de decirte todo con una sola mirada.

Es confuso y complicado no sentirse solo cuando quien puede leerte no está destinado a estar contigo. Y es que la vida es así: caprichosa, llena de giros inesperados. Para ser honesto, el destino llega a ser una excusa, porque, aunque uno crea en él, lo cierto es que nuestra raza humana tiene un talón de Aquiles: los sentimientos. Hemos perdido guerras, países, batallas, luchas, amados y más por dejarnos llevar por ellos. A veces olvidamos ser justos y objetivos y defendemos lo indefendible. Podemos poner la mano al fuego por un ser querido y ocultar sus pecados ante el mundo porque los “amamos”. Y es ahí donde entra el destino: decimos que el destino así lo quiso, que si esa persona es para nosotros volverá con el tiempo, y aunque duela, la dejamos ir porque, al fin de cuentas, “el destino así lo quiso”, ¿cierto? Y no vemos que todas nuestras acciones nos llevaron a eso.

Somos emocionales y renunciamos a muchas cosas por no dañar a quienes nos rodean, aunque esas personas ya no nos sumen. Nos aferramos a lo que no tiene precedente. Nos dejamos llevar y nos perdemos en el proceso.

Entonces, ¿cómo ser objetivo en circunstancias donde sabes lo que quieres, pero puede que no te convenga? No porque sea malo para ti, sino porque, al vivir en una sociedad con tanto sentimentalismo, vemos que la decisión que vayamos a tomar, aunque nos haga bien, puede afectar a más de uno, y mucha gente sale dañada. Entonces, la disyuntiva entre elegir ser feliz y hacer feliz a los demás florece. Dejas ir a personas que amas por un bien mayor y, entonces, te preguntas:

¿Estoy siendo objetivo analizando las consecuencias o simplemente estoy siendo un tonto obediente más cegado por los sentimientos?

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