Tenía 15 años. Nada importaba para mí en ese entonces. No hallaba sentido a mi vida y tampoco pensaba que alguien podria extrañarme. Me encerré en el baño con pastillas que encontré en casa. Vomité antes de desmayarme. No recuerdo si fue porque me arrepentí o porque había algo que quería que siga viva y las boté todas. Al día siguiente, solo dije que me sentía mal. Nadie lo cuestionó. En ese momento entendí que ni siquiera mi ausencia sería evidente.
