Cuando tenía 8 años de edad tuve un tío que nos visitaba con frecuencia. Éramos sólo mi mamá y yo porque mi papá nos había abandonado. Cuando mi mamá tenía que ir a trabajar me dejaba con él porque no tenía dinero para contratar a una niñera. Al principio todo iba bien, pero a medida que fueron pasando los años y fui creciendo, tuve recuerdos borrosos y en algún momento le guardé rencor a mi tío aunque no sabía por qué ni cómo explicarlo. Me sentía muy deprimida y enojada casi todo el tiempo. Mis amigas de la universidad me decían que debía hablar con un psicólogo, pero yo pensaba que eso era algo solo para locos y no quería que me miraran raro, pero en el fondo no me importaba que lo hicieran.
Fui perdiendo el interés por vivir hasta que un día me enamoré de un chico y quisimos tener intimidad, me asusté mucho y no pude hacerlo. Él me dijo que esperaría hasta que me sintiera preparada, pero no pasó un año y al no poder hacerlo me dejó. Me pasó lo mismo con una segunda pareja y me sentí muy frustrada. Al final decidí ir a terapia y al reflexionar sobre lo vivido descubrimos que cada vez que estaba con mi tío, él metía sus dedos en mi ano y le gustaba que le masajeara sus partes íntimas. No puedo decir que lo haya superado, pero sí me siento mucho mejor. Espero que quien esté pasando por lo que está pasando tenga alguien que lo pueda apoyar.
